Cuaderno de huerta
Cómo guardar semillas de tomate criollo en el litoral
Fermentación, secado y guardado en frascos de vidrio
Publicado el 14 de febrero de 2025 · Lectura de 6 minutos
El tomate criollo del litoral no se guarda como se guarda una semilla de zapallo. Su pulpa es carnosa y las semillas vienen envueltas en una gelatina que, si se seca tal cual, termina pegada al papel y con hongos a las pocas semanas. Por eso el paso de fermentación no es un capricho: es lo que separa un sobre que dura tres años de uno que se pierde en el primer verano húmedo.
La elección del fruto es la mitad del trabajo. Conviene tomar tomates bien maduros, de plantas sanas y con el sabor que uno quiere repetir. Un fruto pasado de punto sirve mejor que uno verde: la semilla ya está formada y el gel se desprende con más facilidad. Se corta, se aprieta la pulpa con los dedos dentro de un frasco y se agrega un poco de agua. Nada más.
Los días de fermentación
El frasco se tapa con una gasa y se deja a la sombra. En enero, con treinta grados a la sombra, dos días alcanzan. En abril, con noches frescas, puede estirarse hasta cuatro. La señal es clara: aparece una capa blanca en la superficie y las semillas buenas se van al fondo. Si el olor se vuelve insoportable o aparece moho verde, hay que descartar todo y empezar de nuevo con otro fruto.
Después se enjuaga varias veces con agua limpia hasta que el agua salga transparente. Las semillas van a un colador y de ahí a papel absorbente, siempre a la sombra. El sol directo las cocina y las deja inservibles. En dos o tres días, si el aire circula, ya están listas para guardar.
Reconocer una semilla viable
Al tacto, una semilla de tomate criollo bien seca es liviana, con pelos finos y un borde apenas marcado. Si se dobla sin quebrarse, todavía tiene humedad y conviene dejarla un día más. Si se parte limpia como una uña, está lista. Las que se ven oscuras o chatas suelen ser vanas y no vale la pena guardarlas.
Etiquetar y guardar
Cada sobre lleva tres datos: nombre de la variedad, año de cosecha y barrio donde se cultivó. Ese último dato parece menor, pero cuando una variedad circula entre varias huertas, saber de dónde vino ayuda a rastrear comportamientos distintos frente a la humedad o a las plagas. Los frascos de vidrio con tapa a rosca funcionan bien si están bien cerrados; un cierre flojo deja entrar la humedad del aire y arruina el trabajo de semanas.
En veranos muy húmedos, conviene revisar los frascos cada tanto y cambiar el sobre si el papel se ve blando. No hay certificación que reemplace esa costumbre: la semilla se conserva porque alguien la mira, la siembra y vuelve a guardarla.