Testimonios de la red de semillas criollas

Voces de huertas, ferias y talleres que cuentan qué se pierde cuando una variedad deja de sembrarse y qué se recupera cuando alguien vuelve a nombrarla.

Por qué esta red se sostiene distinto

No hay una vitrina detrás de Semillas del Litoral. Lo que hay son huertas, cuadernos de campo y gente que decide volver a guardar lo que siembra. Estas son las razones por las que varios productores del litoral eligen sumarse a esta forma de circular semillas.

Variedades con nombre y barrio

Cada sobre que entra al banco lleva anotado de dónde salió: la quinta, el año, quién la multiplicó. Sin esa trazabilidad, una achicoria criolla se vuelve una semilla cualquiera. Acá se cuida el origen antes que el volumen.

Acuerdos claros, sin letra chica

Se devuelve lo que se llevó, en la cantidad que se pueda y cuando la temporada lo permita. Si una variedad no prosperó, se avisa y se anota. Los conflictos por devoluciones tardías se resuelven conversando, no con reglamentos.

Saberes que se transmiten en persona

Cómo fermentar tomate criollo, cuándo secar a la sombra, cómo revisar frascos en veranos húmedos. Nada de eso se aprende solo leyendo. Se aprende en talleres, en ferias y en visitas al banco de 25 de Mayo 1268, Santa Fe.

Sin promesas que no se pueden cumplir

No se garantiza disponibilidad de ninguna variedad ni se emiten certificaciones. Lo que se ofrece es una red abierta donde cada huerta aporta lo que tiene y recibe lo que necesita, con la honestidad de decir cuándo algo no está.

Si querés entender cómo se organizan internamente los bancos y qué capacidades sostienen la red, podés leer más en nuestras capacidades o volver a la página principal.

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